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D.O Somontano

Somontano consiguió su categoría de denominación de origen en 1984, después de una larga lucha de los productores locales, y desde entonces ha conseguido impresionantes resultados. Los viñedos, que se encuentran en las estribaciones de los Pirineos, poseen una altitud y clima adecuado así como interesantes variedades de uvas, lo que da lugar a vinos de altísima calidad. El resultado se ha visto reflejado en la actitud de los consumidores, que demandan sus productos, elegantes, estructurados y, en numerosos casos, con una excelente vida por delante .

Los vinos de la zona, elaborados a partir de trece variedades autóctonas y foráneas tienen una refrescante claridad y delicadeza y son una clara muestra del esfuerzo realizado por las bodegas locales, que pusieron buena voluntad a la hora de experimentar y de este modo han encontrado la llave del éxito, creando un mercado próspero.

Desde su constitución hasta hoy han surgido un buen número de nuevas marcas de vinos y se han instalado nuevas bodegas, lo que ayudado a potenciar la consolidación de la Denominación. Como resultado de todo ello, las exportaciones se han duplicado desde 1995. Uno de los sellos de identidad de los vinos de la región es el matrimonio entre las viejas y las nuevas variedades de uvas. Somontano se ha convertido en una de las denominaciones que ha sabido competir con las grandes clásicas de España, siendo una de las que más ha evolucionado en la última década .

Somontano se ubica en la comarca del mismo nombre cuya capital, Barbastro, suma una población de 16.000 habitantes ocupando el quinto puesto en el ranking de las ciudades más pobladas de Aragón.

Los impresionantes valles de los ríos y los barrancos son recorridos por cavernas y túneles que datan de la edad de piedra. Pinturas rupestres y herramientas de los habitantes de esa época han sido encontradas en muchos en estos parajes.

Como en otras zonas de España, la producción vinícola se consolidó aquí desde los romanos y posteriormente en la época medieval gracias a los monasterios. Debido a la proximidad de la frontera con Francia, hasta bien entrado el siglo XX la mayor parte del vino elaborado adquirió un carácter especial que ha sabido mantener. A finales de 1980, y tras ganar la categoría de denominación de origen, aparecieron nuevas bodegas y se importaron variedades como Chardonnay o Cabernet Sauvignon. Este hecho ha sido utilizado por el Consejo Regulador para tratar de proteger las variedades propias de la región e intentar el cultivo de otras uvas -como la Parraleta- que habían quedado olvidadas. Los resultados obtenidos han registrado un gran éxito.

La D.O. Somontano se sitúa en la zona centro de la provincia de Huesca, y ocupa una hermosa comarca de transición entre las estribaciones pirenaicas y la depresión del río Ebro. Toma su nombre de la comarca aragonesa donde se localiza la mayor parte de los viñedos. La ciudad más importante es Barbastro, situada a 80 kilómetros de la frontera francesa. Como el Piamonte italiano, Somontano significa “bajo la montaña”, “a pie de monte”.

Los viñedos están situados en una zona exuberante, verde, de abruptos terrenos y paisajes escalonados con altitudes cercanas a los 350-650 metros y con valles que recorren la zona de norte a sur hasta desembocar en el río Ebro.

Los terrenos están formados por arenisca y arcilla de un color rojo brillante, además de residuos procedentes de los ríos. La existencia de piedra caliza los convierte en suelos ideales para estos cultivos. Presentan escasa fertilidad, notable permeabilidad y buenas condiciones sanitarias.

Al refugio de los vientos del norte, gracias a los Pirineos, Somontano tiene un clima medio continental. Sin embargo, las temperaturas son extremas, bajando de los 10 grados bajo cero en las noches de invierno. Los lugareños están acostumbrados a tratar con el hielo, la sequía y el calor extremo del verano. Son habituales los cambios bruscos de temperatura al final de la primavera y el otoño, en los meses de junio y noviembre. Este clima también se caracteriza por el contraste térmico entre el día y la noche del verano que aporta la excelencia a la maduración de la uva.

La variedades de uvas combinan lo tradicional con lo actual. Así, se emplean las tradicionales tintas Moristel y Parraleta y la blanca Alcañón, que han mostrado durante la década de 1990 el valor de su naturaleza e individualidad, adaptándose rápidamente a las nuevas técnicas de elaboración del vino.

Otras variedades españolas como Macabeo, Tempranillo y las Garnacha Tinta y Blanca son plantadas junto a otras importadas como Cabernet-Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Chardonnay, Gewürtztraminer o Syrah.

La disposición de los viñedos depende de la accesibilidad al lugar, aunque cada vez más se está adaptando a la mecanización. La enfermedad endémica de la zona el el oidium pero con las técnicas actuales de control sanitario no origina ningún problema. La enfermedad del mildiu es nula. La vendimia comienza en la primera quincena el mes de agosto.

Las primeras fases de la elaboración del vino de la Denominación de Origen Somontano se elabora, prácticamente en su totalidad, en depósitos de acero inoxidable. Algunas bodegas pioneras han incorporado equipos informáticos para controlar el proceso de prensado y vinificación, con lo que obtienen un control detallado que tiene su resultado en la calidad final de los vinos.

El gran incremento del número de Crianzas y Reservas hacen que el envejecimiento se lleve a cabo a partes iguales en botella o en madera. El proceso de maduración debe prolongarse por un plazo no inferior a dos años naturales, contados a partir del 1 de diciembre del año de la vendimia.

El carácter de los vinos de Somontano procede de sus propias uvas, e incluso de la mezcla con otros vinos. Su ligero sabor afrutado y su acidez les confieren un toque personal.

Los tintos Somontano se caracterizan por su gran color con muchos taninos y una buena acidez que les permite largas crianzas. Respecto a los blancos, son productos ágiles, frescos, con cuerpo y color pálido. Los rosados se caracterizan por la amplia gama de colores, gusto afrutado, fresco y suave.


D.O Cariñena

Cariñena, la D.O. más grande y antigua de Aragón, ha dado su nombre a la uva homónima, también llamada Mazuelo en algunos lugares del norte de España y Carignan en Francia. Se trata de una de las D.O. más antiguas de España (1932) .

Durante la década de los noventa ha conocido un rápido desarrollo gracias a la fusión de pequeñas bodegas y cooperativas, así como a la adaptación de sus vinos a los gustos modernos. Así, a los vinos robustos de elevada graduación alcohólica, destinados a su público más autóctono, se les están sumando otros más afrutados, sabrosos, con buen equilibrio y una graduación alcohólica más del gusto del consumidor medio.

Las exportaciones se han cuadruplicado desde 1995 y un nuevo centro de investigación ha ayudado en gran medida a mejorar la producción.

Los romanos fundaron la ciudad de Carae en el año 50 a.C. en una zona donde los lugareños ya elaboraban hidromiel, desde el siglo III a.C.

Durante la Edad Media, los viñedos prosperaron bajo la protección de los monasterios y en el siglo XVI ya ocupaban el 50% de la superficie de la provincia de Zaragoza. Estos vinos alcanzaron rápidamente una gran celebridad: a título anecdótico, con motivo de una visita de Felipe II se instaló una fuente de la que manaba vino.

Los controles sobre los viñedos comenzaron muy pronto, en 1694, cuando se les prohibió a los agricultores plantar nuevas vides.

Situados en el centro de Aragón, a 48 kilómetros al sudoeste de Zaragoza, los viñedos se extienden sobre una llanura de unos 400 metros de altitud al sur del río Ebro, conocida como Campo de Cariñena. Asciende hasta los 800 metros de altitud hacia el sur para encontrarse con la Sierra de Virgen. Hacia el oeste, los viñedos limitan con la D.O. Calatayud.

La superficie del suelo es de caliza rojiza-marrón sobre un subsuelo de roca suelta con mucho carbonato de calcio y, en algunos lugares, pizarra y arcilla. Afortunadamente, retienen bien el agua.

Podemos distinguir cuatro tipos de suelos:

Cascajo. Suelo pardo calizo sobre depósitos alóctonos con áreas de suelo pardo rojizo. Es el suelo que ocupa mayor extensión en la Denominación de Origen Cariñena, se encuentra en toda la parte central de la zona y también en grandes áreas del sur y del este; se presenta en todos los términos municipales que comprende la Denominación de Origen, a excepción de Alfamén, Encinacorba, Muel y Aladrén, en los que prácticamente no aparece. Ocupa la casi totalidad del término municipal de Cariñena. Es un suelo desarrollado sobre diferentes tipos de material calizo, y pobre en materia orgánica. El material geológico de partida está formado por un potentísimo derrubio de muchos metros de espesor, formado principalmente por depósitos pedregosos, en los que los cantos, generalmente soldados y de todos los tamaños, no se hallan cementados y, por tanto, son sueltos. Dentro de estos depósitos se observan diversos niveles margosos y areniscosos.

Royal. Tierras pardas meridionales sobre pizarras, principalmente y cuarcitas, con áreas de xeroranker y litosuelo. Este tipo de suelo ocupa el segundo lugar en extensión en la Denominación de Origen. Se encuentra en la parte oeste y suroeste de la zona y en él está enclavada la Sierra de Algairén. La mitad sur del término de Alpartir está formada por este tipo de suelo, así como dos extensas áreas que ocupan aproximadamente el sesenta por ciento de los términos de Cosuenda y Aguarón en su parte oeste y la totalidad del término de Encinacorba. Coincide con zonas muy deforestadas y erosionadas. Presenta un horizonte A (capa arable) que raramente llega a los 10 centímetros, con pequeño contenido de materia orgánica y muy mineralizado. Su capacidad de cambio (retención de agua de la que se alimenta la planta) es baja y bajo también el grado de saturación (absorción de agua), pues no sobrepasa el sesenta por ciento.

Tierra fuerte arcillosa. Suelo de terraza sobre suelo pardo calizo pedregoso sobre glacis muy destruidos o depósitos alóctonos calizos. Ocupa el tercer lugar por su extensión, es menos abundante que los dos anteriores. Comprende la casi totalidad del término municipal de Alfamén y áreas reducidas y aisladas en los términos de Longares, Mezalocha y Villanueva de Huerva. En Alpartir y Almonacid de la Sierra ocupa las zonas norteñas y se encuentra juntamente con las tierras parcas y el pardo calizo que ocupan la parte sur. Está ligado a un régimen sedimentario fluvial y se formó al variar el régimen hidrográfico de los ríos durante el transcurso del período cuaternario. La capa del suelo nunca es muy profunda, por regla general de unos 50 centímetros, pero a veces menos, disminuyendo su espesor generalmente por erosión cuando aumenta la antigüedad de las terrazas. Todo el perfil es muy calizo y la pedregosidad llega hasta la superficie.

Calar. Suelo de xerorendxinas sobre margas, areniscas y a veces niveles de yesos, con áreas de suelo pardo calizo y litosuelos.Este tipo de suelo puede considerarse por su extensión el cuarto en importancia. Ocupa la casi totalidad del término municipal de Muel y áreas importantes de los términos de Longares, Alfamén y Mezalocha. Es suelo de regiones semiáridas que se forma sobre materiales muy diversos, generalmente muy calizos. Es de bajo contenido en materia orgánica por el escaso aporte material vegetal de partida, pero con buena humidificación. La capa arable, que generalmente es de tipo muel, presenta un color gris ceniza o parduzco, con un espesor máximo de 10 centímetros. Los suelos de xerorendxinas sobre margas areniscas y conglomerados con suelo pardo calizo, ocupan gran extensión en el término de Villanueva de Huerva y parte de los términos de Mezalocha y Tosos.

Es un duro clima continental con temperaturas extremas, que en verano alcanzan los 38ºC y en invierno caen hasta los -8°C. El cierzo, viento muy frío procedente del norte, ayuda a mantener baja la humedad. Esto supone que los agricultores tienen que luchar contra el granizo, los fuertes vientos y el calor excesivo del verano. Además, la sequía puede afectar el tamaño de las cosechas. Los contrastes de temperatura entre el día y la noche ayudan a dar a las uvas su característico sabor intenso.

A pesar de que la D.O. Cariñena ha dado su nombre a la uva Cariñena, las variedades más importantes son la Garnacha Tinta (55% de los viñedos), usada para la elaboración de vinos tintos y rosados, y la Viura Blanca (20%). La Tempranillo (15%), en franca expansión, se usa para los tintos de Crianza. También se está experimentando con uvas importadas, como Chardonnay y Parellada.

La mayoría de las vides están plantadas sobre espalderas en marco real, con tres metros de separación entre las filas. La densidad de los viñedos se sitúa entre 1.500 y 3.000 vides por hectárea. La vendimia empieza por lo general en el mes de septiembre.



Los vinos tintos se elaboran empleando una completa fermentación maloláctica, aunque la maceración carbónica está comenzando a ser utilizada para los tintos jóvenes. La selección para los Crianzas, Reservas y Gran Reservas comienza en los propios viñedos. Cantidades crecientes de uva Tempranillo se añaden a la Garnacha para los Crianzas, en proporción al tiempo total de envejecimiento.

Por lo general, los vinos blancos son elaborados en un 90% con Viura, mientras que para los rosados se utiliza Garnacha junto con otras uvas blancas y tintas. Los rosados, por su parte, mantienen el ácido málico para conservar su total acidez, al tiempo que son macerados para que adquieran color. Los vinos más limpios se suelen beber jóvenes.

Tanto los vinos jóvenes blancos frescos como los célebres rosados se comercializan para su consumo inmediato.

Los tintos poseen el estilo característico de los vinos Garnacha elaborados en los climas calientes, a lo que se añade, en el caso de los Crianza, el sabor y la fuerza de un 5% de uvas Cariñena.

Los blancos secos suponen un quinto la producción total, pero también hay que destacar los clásicos vinos dulces de Moscatel.

D.O Campo de Borja

Desde que esta zona consiguió la categoría de D.O en 1980, ha ido adquiriendo una identidad propia. Se trata de vinos bien elaborados, densos, con cuerpo y con la presenca de nítidos aromas frutales.

La mayor parte de la producción sigue siendo de vinos tintos, al tiempo que está aumentado el número de crianzas. En la actualidad, tanto los tintos como los rosados han conseguido el respeto de la crítica; y los tintos jóvenes y afrutados, un considerable éxito comercial. Todo esto ha supuesto que las exportaciones se hayan duplicado desde 1995.



El vino se ha elaborado en esta comarca desde el tiempo de los Romanos, y exportado desde los primeros siglos de la Edad Media cuando comenzó a producirse en el Monasterio cisterciense de Veruela, situado a los pies de la Sierra de Moncayo. La labor de los abades propició en el siglo XV un importante desarrollo de la viticultura y un paulatino crecimiento del sector, que lógicamente ha continuado hasta nuestros días.

Tradicionalmente, las bodegas se situaban bajo las propias casas y en cerros próximos a los municipios. En la actualidad muchas de ellas todavía sobreviven. De hecho, hay una amplia representación de bodegas particulares en todos los municipios, situadas tanto en montes cercanos como bajo los propios hogares. Después de que se produjera una aguda disminución de las exportaciones por el impacto de la filoxera en el siglo XIX, comenzaron a surgir nuevas bodegas, como cooperativas de viticultores.

Hasta 1970, la mayor parte del vino producido en la zona era exportado para su mezcla con otros caldos. Sin embargo, desde que Campo de Borja consiguió la denominación de origen en 1980, los productores comenzaron a embotellar sus propios vinos. En 1989, el Consejo Regulador incluyó en su normativa a los vinos blancos, y en 1991-1992 realizó otras modificaciones como aumentar la zona de cultivo para incluir el área de Maleján, y permitir la variedad Cabernet-Sauvignon, Merlot y Syrah.

Situada en el noroeste de Zaragoza, a 65 kms, Borja es la principal ciudad de la denominación. Las vides cubren unas 7.0000 hectáreas a su alrededor. Físicamente esta área es una continuación de Navarra, extendiéndose al sur del río Ebro sobre la primera parte de su curso en su recorrido hacia la ciudad de Zaragoza.

Los viñedos se encuentran en altitudes que oscilan entre los 350 y 750 metros, descendiendo del oeste de la Sierra de Moncayo hacia las colinas bajas del este. Tradicionalmente, la D.O. Campo de Borja se ha dividido en dos subzonas: Llanos de Plasencia en el sur y Ribera del Huecha en el norte.

El terreno está formado por una sucesión de altiplanicies a lo largo del valle del río Ebro. Los suelos son principalmente arenosos sobre caliza, lo que le confiere un carácter pedregoso que le proporciona un excelente drenaje. Poseen niveles medios de materia orgánica y son ricos en nutrientes. La altitud y el tipo de suelo proporcionan unas condiciones ideales para la producción de vinos de gran calidad.

Como otras zonas de Aragón, Campo de Borja posee un clima continental extremo, con veranos largos y calientes e inviernos muy fríos. Las heladas y el granizo son frecuentes al final de la primavera. El viento frío y seco, denominado “cierzo” es característico de esta zona. La pluviometría es escasa.

Las tradicionales uvas españolas se encuentran en Campo de Borja: Garnacha, para los tintos y rosados; Tempranillo, que está siendo empleada para complementar de crianza; Macabeo, que permitió a la denominación la elaboración de vinos blancos; y Moscatel, que es usada para hacer vinos dulces. Otras variedades autorizadas como Merlot, Cabernet, Syrah y Chardonnay, también son utilizadas.

La densidad del viñedo se encuentra entre las 1.500 y las 4.000 vides por la hectárea. Además, las vides situadas en áreas vulnerables son plantadas en bajo para evitar el viento y el calor excesivo.

Los mejores caldos de Campo de Borja proceden de equipos de vinificación con control de temperatura que conservan la intensidad y la personalidad que les confieren las uvas y el clima. Son vinos densos, los más intensos de Aragón, y muy afrutados.

Todavía se conservan antiguos tinos de roble en los laberínticos sótanos de los pueblos próximos a las montañas. Tradicionalmente, el vino se fermentaba en ellas, pero actualmente sólo son usadas para el almacenamiento y poco a poco están siendo reemplazadas por depósitos de hormigón.

A pesar de que se permite que los vinos blancos y rosados sean envejecidos, son normalmente comercializados como jóvenes. Los blancos son frescos y los rosados recuerdan mucho a los que se elaboran en Navarra.

Los tintos son elaborados mayoritariamente con garnacha y se complementan, en algunos casos, con otras variedades como tempranillo, merlot, syrah ó cabernet, para ser envejecidos como crianzas ó reservas.

D.O Calatayud

Cuando Calatayud consiguió la categoría de denominación de origen en 1990 se convirtió en la segunda zona de producción de vino de calidad de Aragón , tras Cariñena. Desde entonces ha mejorado y perfeccionado sus vinos gracias a las progresivas mejoras que han realizado bodegas y cooperativas. Entre ellas se encuentran la inversión en nuevas tecnologías, en nuevos sistemas de vinificación y la investigación en los viñedos . Gracias a todo ello, en la actualidad los vinos de Calatayud están comenzando a mostrar todo su potencial.

La mayoría de los nuevos caldos están explorando las posibilidades de la uva Garnacha, recogida cuando se encuentra totalmente madura. La nueva categoría de vino tinto joven denominada Calatayud Superior está elaborada de vides de garnacha tinta con al menos cincuenta años de antigüedad y con unas producciones que no superen los 3.500 Kg./Ha.

A pesar de que consiguió la denominación en 1990, Calatayud es una muy tradicional zona de cultivo. El cultivo de la vid se remonta a unos 2.000 años de antigüedad y probablemente fue introducida por los romanosque, junto con los griegos, fijaron las ideas de su cultivo y la elaboración de los vinos. Como prueba de ello se sitúan al este de Calatayud, cerca de Huérmeda, los restos de la ciudad romana de Bilbilis Augusta, donde nació el poeta Marcial y, tras pasar toda su vida en Roma, regresó para morir.

En 1998 se inagura el Museo del Vino de Calatayud, ubicado en las antiguas bodegas del Monasterio de Piedra, del siglo XII, que han sido totalmente restauradas para mostrar la historia de los viñedos locales y sus bodegas. El museo consta de tres salas: una dedicada a la ciencia, otra a la cultura y la última a la calidad.

La D.O. Calatayud, situada a unos 87 kilómetros al sudoeste de Zaragoza, linda al este con la D.O. Cariñena y al oeste con la provincia de Soria.

Se trata de una zona de complicada orografía, situada en las estribaciones del Moncayo y caracterizada por una compleja red hidrográfica formada por diversos afluentes del río Ebro, como el Jalón, Jiloca y otros menores. Los viñedos descienden por el lado sur de la Sierra de la Virgen, con altitudes que oscilan entre los 550 y los 880 metros.

La mayor parte del viñedo se asienta sobe suelos pedregosos, sueltos, muy pobres en nutrientes y de elevada proporción de caliza. Presentan buena permeabilidad y son sanos.

El clima continental de Calatayud es el característico de otras zonas de cultivo de Aragón, a pesar de que también se localizan aquí algunos de los viñedos más áridos de España.

En el verano las temperaturas son bastante suaves debido a los vientos que soplan a los pies de la Sierra de la Virgen, donde hay nieve durante cinco o siete meses al año. De todas formas, hay grandes diferencias térmicas entre la noche y el día, especialmente en la época de maduración, lo que tiene una influencia decisiva en las uvas, que presentan un notable equilibrio de acidez y alcohol. Esto da lugar a vinos singulares dentro del panorama aragonés.

Las precipitaciones varían considerablemente de los 300 a los 550 mm, dependiendo de la situación del viñedo. Las heladas y los fuertes vientos, bastante comunes en esta área, suelen causar algunos problemas.

Las variedades de uvas de esta denominación han aumentado considerablemente en los últimos veinte años para acompañar a las tradicionales Garnacha Tinta, Mazuela, Viura y Garnacha Blanca. Así, la replantada variedad Tempranillo ocupa ya en la actualidad el 16% de los viñedos. Los viticultores más pioneros están experimentando con Syrah y Cabernet-Sauvignon , Merlot

Los equipos de acero inoxidableestán reemplazando lentamente a los viejos depósitos de hormigón. La utilización del control de temperatura durante la vinificación ha producido una nueva generación de jóvenes tintos, rosados y blancos, que en la actualidad ya suponen la mayoría de la producción.

Por otra parte, los tradicionales Crianzas tintos están creciendo de la mano de unas pocas bodegas que incluso están elaborando Reservas.

Por lo general, los vinos jóvenes de Calatayud son más frescos y con menos graduación alcohólica que los del resto de Aragón. En ellos se incluyen tintos elaborados con al menos el 60% de Garnacha, rosados hechos exclusivamente de uvas Garnacha, algunos tintos y rosados de Cabernet-Sauvignon y, por último, los blancos, que pueden estar hechos en un 75-100% de Viura u, ocasionalmente, de Chardonnay. Algunos de los blancos realizados a partir de Viura, y que pasan de 4 a 8 horas en contacto con su piel, muestran un elegante cuerpo comparado a los de Rioja sin crianza.

Tanto los rosados, macerados durante 8-12 horas, como los tintos de Tempranillo y Garnacha se caracterizan por su gran cuerpo. Algunos caldos jóvenes pueden ser clasificados con la denominación Calatayud Superior. Para ello deben estar elaborados sólo de uvas de Garnacha procedentes de vides de al menos treinta años de antigüedad, y con unas producciones que no superen los 3.500 Kg./Ha.